sábado, 15 de marzo de 2014

Envidia cochina

Hay dos cosas que no soporto en este mundo:

- La gente que tiene un blog y no escribe en él durante casi un año.
- La gente que confunde cualquier tipo de crítica (constructiva o no) con la envidia.

Cualquiera que me conozca lo suficiente (que no sois muchos, la verdad) sabe que no soy una persona envidiosa. Y no lo digo por fardar ni por hacerme el santurrón. No suelo sentir envidia porque, en general, la vida de los demás me interesa más bien poco.
Y no me refiero a que no me guste saber lo que hace uno u otro, si no a que en una escala del 1 al 10 la importancia que le doy a lo que le pasa a los demás tiende al menos 75.

Desde que abrí EstoyBailando.com las cosas en mi vida han cambiado muchísimo. Debería decir que para mejor; porque sí, es un gustazo poder dedicar mi tiempo y mi energía a algo que me gusta y me hace sentir bien. Pero tampoco te vayas a pensar que me es muy útil: seguramente me iría mejor como cajero en un Mercadona. Al menos podría ir a la sauna de vez en cuando sin sentirme culpable por pagar la entrada.

Y desde que decidimos liarnos la manta a la cabeza y organizar las fiestas Estoy Bailando la cosa se ha desmadrado. He conocido a mucha gente y mucha gente más me ha conocido, me han llamado para pinchar en varias fiestas en las que lo he dado todo y me lo he pasado en grande. Y he descubierto que a la gente le gustan las tonterías que hago cuando estoy poniendo música para que bailen los demás (y no me refiero sólo a mis coreografías de La Pelopony).

Pero también ha pasado algo que yo ya sabía que iba a pasar, y es que he descubierto que no se puede ser buena gente. Al menos no con todo el mundo.

Hubo una historia, hace unos meses, de la que a muchos ya os he hablado. No la voy a explicar por aquí, porque no me parece adecuado, pero sí que os puedo decir que esa historia se sumó a otras historias y todas desembocaban en el mismo lugar. Y surgió el conflicto.

Desde ese momento tomé una decisión: sólo voy a trabajar, apoyar y ayudar a la gente que es realmente agradecida. Intentaré no mezclar los temas personales (o medio personales) con lo profesional, pero hay una línea que no voy a cruzar y si creo que no eres, como mínimo, agradecido, no voy a dedicarte mi esfuerzo. 
Y el agradecimiento se demuestra de muchas formas, desde compartir un enlace en tu Facebook hasta ayudarte a encontrar un bolo que te ayude a pagar la factura del móvil. A veces es tan simple como invitarte a una copa.

Yo, lo reconozco, he pecado de bueno en alguna ocasión. Y del mismo modo que no soy una persona envidiosa tampoco soy una persona rencorosa. Y sé diferenciar entre las partes y el todo, y si tengo un conflicto con una parte no voy a ir a degüello a por el todo; porque entiendo que las otras partes no se lo merecen.
Pero estoy en mi libertad de expresarme, os guste a algunos o no, y decir y decidir con quién me gusta jugar y con quién no. Y si eso te supone un problema, el problema lo tienes tú. Y la solución la tienes que buscar tú.

Así que yo, con lo poquito que puedo hacer, decido no interponerme y dejar que cada uno haga lo que le dé la real gana. Y no creáis que no me lo ponen a huevo para poner la zancadilla, porque una de las cosas buenas de mi carácter es que no todo el mundo sabe que valgo más por lo que callo que por lo que hablo. Y creedme si os digo que me callo muchas cosas.

A mí no me gusta que se utilice y menosprecie mi trabajo como arma arrojadiza en una riña de enamorados, exenamorados y amantes. Tampoco me gusta que la gente me mire por encima del hombro; porque todos hemos empezado de alguna manera y el que ahora está arriba mañana está muy abajo. Que la vida da muchas vueltas y probablemente ni tú ni yo sabemos de dónde viene cada uno ni dónde vamos a acabar.

Y mucho menos me gusta la gente que se apunta el tanto que han marcado otros. Una cosa es estar seguro de ti mismo y de tu trabajo, saber venderlo y estar orgulloso de ello; pero eso no implica ser desagradecido ni tan poco generoso hacia el esfuerzo y trabajo de los demás.

Así que, como comprenderás, si te vas a dedicar (tu parte o tu todo) a menospreciar el trabajo que hacen o han hecho los demás antes, durante o después de ti; si la imagen que transmites no me genera confianza o si me me comentas algo en público o en privado o haces algo que no me inspira confianza y me hace pensar que, además, no eres siquiera una persona agradecida... Lo siento, pero yo contigo no juego.

Y me sabe mal por los que juegan contigo, porque no tienen la culpa. Me sabe mal incluso aunque confundan las cosas y piensen que si no quiero jugar es porque tengo envidio de vuestra pelota, que es más grande y más brillante y hace ruido cuando le das un chute.

Puede que, muchas veces, si me tragara el orgullo y la dignidiad y te pidiera porfa, porfa, porfa que me dejaras jugar con tu pelota me lo pasaría genial y hasta podría ir a la sauna todas las veces que quisiera. Pero prefiero seguir trabajando poquito a poco y ser fiel a mí mismo y respetuoso con todo lo que he hecho; porque al final he descubierto que es la única forma de que las cosas duren y sirvan realmente para algo.

Otro día, si eso, os hablo de la endogamia. Porque resulta que si no juegas con los chicos populares porque no te apetece, porque no crees que merezcan esa popularidad o porque simplemente te caen como el culo entonces también tienes envidia.

Qué fácil es llamarme envidioso y qué difícil es demostrar que mereces que te envidie.

domingo, 18 de agosto de 2013

Estoy hablando de Estoy Bailando

Últimamente hablo mucho y con mucha gente de Estoy Bailando.

Y supongo que eso es bueno, claro.

Cuando decidí convertir este blog en una web a la que poder mirar a la cara no pensaba ni de lejos que podía llegar a ser lo que está siendo y lo que, si la cosa sigue así, puede llegar a ser en un futuro.

Que sí, que me da muchos dolores de cabeza y le dedico todas las horas del mundo y más. Que incluso cuando desconecto y me voy a tomar algo acabo hablando de la web y pensando en cosas que poder hacer en y con ella.

Ayer, por ejemplo, estaba por el centro de Barcelona y llamé a Atzur para que se acercara a tomar algo y charlar un rato. Mientras le esperaba fui a comprar lentillas, que se me acaban, y el chico que me las vendió resultó ser uno de los primeros #FollaOnFriday que tuvimos en la web. Yo no le dije nada; primero porque estaba trabajando y no era plan y segundo porque vete a saber si me reconoció o si se acuerda. Pero la risa me la estuve aguantando todo el rato. Nunca pagar 15 euros se me había hecho tan largo.

Luego con Atzur fuimos a dar una vuelta y me estuvo contando los dramas surgidos con los #FollaOnFriday que habíamos publicado ese mismo día. Que resulta que yo, que tengo un ojo clínico para estas cosas, metí a un chaval que es actor porno. Y Atzur, que tiene una forma de hacer las promos de la web que es un arma de doble filo, subió a Facebook un fotograma (censurado) de una de sus pelis haciendo un par de comentarios la mar de inocentones. Alguien vio el fotograma y etiquetó al otro actor, que acabó indignadísimo y denunciando la foto. Seguramente pensó que nos estábamos cachondeando de ellos (no) o le dio rabia que le diéramos más cancha al otro (seguramente ni se enteró de por dónde soplaba el viento). El caso que a Atzur le han bloqueado la cuenta una semana. A mí, por suerte, no.

Después de mucho pasear y esquivar circuiteras (Memorable el momento en que le digo "Joder, está Barcelona llena de tíos buenos" y él señala a tres maricas que pasaban por la otra acera y suelta: "Menos esas, que son las Spice Girls"; y nos pusimos a cantar -y bailar- lo de Stop! Right Now... Thank you very much) acabamos sentados en Plaça Universitat dándole vueltas a las cosas. Que si la entrevista con no sé quién la grabamos con el iPhone o con tu cámara, que si me tengo que vender más, que si a ver si sale lo que hablamos en la cena del otro día o si nos movemos para hacer algo complementario, que si por ahora aquello de Madrid está en pausa, que si la semana que viene al concierto de Verónica Romeo...
Y como Atzur se conoce a media Barcelona (porque media Barcelona es marica) acabaron apareciendo por allí unos amigos suyos, los que organizan la Rebujito Gay Party, que me echaron la bronca porque la fiesta salía muy abajo en la #MariAgenda. Yo les expliqué que no era un ránking, que estaban ordenados por fecha, pero la furia rebujitera se cernió sobre mí. (Bueno, no fue para tanto, que a mí me gusta mucho un drama).

En ese momento un taxi se para justo delante nuestro y uno de ellos dice: "Uy ¿ése no es Eliad?" y del taxi se baja Eliad Cohen; que tal y como sale viene directo a nosotros como si nos conociera de toda la vida. Saluda a Atzur, que se puso en plan belieber y empezó a intentar decir cosas con más o menos sentido mientras Eliad nos sonríe y se nos presentaba uno a uno ¡cómo si no supiéramos quién es! Atzur saldó su cuenta pendiente: se hizo la foto con él, aunque Eliad me pidió que la foto fuera en horizontal para que nadie viera los pantalones que llevaba.
Nos despedimos dejándole que se fuera a dormir que el pobre tenía una cara de sueño que no podía con su alma.

De ahí a casa de Atzur a cenar algo y luego al Moeem a tomar algo. A tomar algo él, yo no. Porque para el poco rato que iba a estar (estaba muy cansado, básicamente porque antes de quedar con él había pasado una tarde de lo más movidita -tú ya me entiendes-) no me salía a cuenta emborracharme. Allí nos encontramos con David, al que le explicamos el drama del chapero canario-sevillano; arrastrándole a una conversación de esas nuestras que le hizo perder unos 3 amigos por el camino. Vamos, que como estábamos dale que te pego sus amigos se cansaron y se fueron. Algunos a su casa, otros a fumar.

Yo esperé hasta que llegó la compañía de Atzur y me fui a mi puta casa, a darme una ducha y caer rendido en la cama; dándole vueltas a todo lo que habíamos hablado esa tarde y esa noche y a todas las cosas que aún faltan por hacer en Estoy Bailando.

Pero si eso ya las haré el lunes. Hoy me he sentado a ver películas una detrás de otra y mañana toca ir a la Krypton; que ya va siendo hora.

martes, 11 de junio de 2013

¡CRÓNICAS! ¡CRÓNICAS! ¡MUSE!

Hace mucho que no hago esto en el blog y, la verdad, es algo que no entiendo. Porque mira que me gustaba a mí liarme la manta a la cabeza y contarvus las cosas guays que hago los fines de semana.

El viernes pasado, por ejemplo, fui al concierto de MUSE. Me invitaba mi amiga la Mari, que hace seis meses ya me amenazó con la entrada. Y sí, fue una amenaza: "¡Churri! ¡He comprado entradas para que vayamos a ver a MUSE!"
Yo le puse cara así muy de Regina George, pero como me lo dijo por Whatsapp no la vio y se perdió la gracia.

Me he pasado seis meses diciéndole que yo por mí bien, que yo voy; pero que si encontraba a alguien que le hiciera más ilusión y los conociera más que yo (cosa no muy difícil, sólo me sabía medio estribillo de una canción) pues que lo aprovechara porque lo iba a disfrutar más.

Pero nada, que no me libré.

A las 19:00 de la tarde estaba yo esperando en Plaça Catalunya viendo a la gente ir y venir y la Mari que no aparecía. Me fijé en 2 cosas que vale la pena reseñar: BARCELONA ESTÁ LLENA DE TÍOS BUENOS. Y son gays.
Por desgracia no podía ponerme yo a ligar y además iba vestido en plan hetero (ya sabéis, camuflaje). Apareció la Mari y nos fuimos a la terraza del Universitari a tomarnos un gin-tonic. Pero a la Mari le entró la paranoia de que si bebíamos luego cuando nos fumáramos el porro durante el concierto nos iba a dar un chungo.

Es que se le ocurrió una idea genial: como ella se las conoce todas (las canciones) y yo no me conocía ninguna, qué mejor que colocarnos para que ella tuviera, directamente, un orgasmo y yo no me aburriera.

Así que nos bebimos unas claras mientras nos poníamos al día, luego compramos algo de comer en un 24 horas random y cogimos un taxi para ir al Estadi Olímpic. Charlamos con el taxista un poco. El típico: "¿Hay concierto hoy?" "Sí, de los MUSE" "Pues no sé quiénes son" y ahí entré yo: "Unos pesaos. Yo voy obligado."

Total que llegamos cuando los teloneros ya estaban sonando. Nos comimos la mierdi-cena y nos bebimos las mierdi-claras antes de entrar mientras hablábamos de sexo con desconocidos y la pareja que se puso a nuestro lado en ese parque se escandalizaba; y nos fuimos p'adentro.

Y, cómo no, entramos por el lado del estadio que no tocaba pero ¡da igual! Las pérdidas en el Olímpic se hacen más llevaderas con una jarra de cerveza en la mano.

Cuando empezó el concierto tocaron esa que abre el último disco y que es la forma que tiene MUSE de llamar la atención de la Broccoli para que los contrate y hagan una canción Bond. A la segunda o tercera canción fui a mear. Y al volver nos fumamos el porro.

Y ENTONCES MI VIDA CAMBIÓ.

Fue darle una calada... ¡UNA! Y mi mente se fue de viaje. La Mari de vez en cuando me decía cosas y yo sólo podía responder: "No estoy aquí ahora mismo". Las canciones ni puta idea de cuáles eran, sólo conocía Panic Station (que es de la que me sabía medio estribillo, complicadísimo de aprender: "Uuuuuuh... 1, 2, 3, 4, fire in your eyeeeeees").
Pero las cosas que sentí fueron absolutamente épicas.
Ahora voy a hacer una crónica del concierto que será como si le dices a tu abuela que te explique la última temporada de Battlestar Galactica después de tomarse un tripi. Avisado estás.

Digamos que había una realidad. Y yo estaba en ella. Y mi mente, de vez en cuando, también. Generalmente eso ocurría entre canción y canción. Pero entonces empezaban a tocar y mi mente se iba. Empezaba a montarme películas cada vez más y más absurdas, involucrando desde el técnico de luces hasta la pareja de novios que se acababan de dar un beso; pasando por los rusos que charlaban a gritos justo detrás nuestro a la mujer que tenía detrás y que cada vez que se giraba me tocaba la espalda con el bolso y yo pensaba que me estaba metiendo mano.

Lo de Follow Me fue apoteósico y cuando el bajista se puso a cantar Save Me os juro por lo más sagrado que me sentí violado. Lo gracioso es que ahora escucho la canción y no comprendo cómo pude ponerme tan cachondo.

Pero es que cada canción era una película en mi cabeza y cada una me hacía sentir una cosa diferente. Con Madness sentía el amor infinito, con Knights of Cydonia tenía unas ganas tremendas de salir corriendo a dominar el mundo. Por momentos me sentía invencible, al rato tremendamente vulnerable.

Incluso viví un momento de iluminación espiritual cuando vi que una parejita se iba a unos asientos más íntimos para arrimarse bien mientras sonaba una lenta-random y ahí estaba yo imaginándome que estaban viviendo una historia de amor prohibido (al padre de ella nunca le gustó un chico como él para su pequeña), que se conocieron en un bar muy chungo de Marina justo cuando sonaba esa canción y desde entonces eran inseparables aunque en cualquier momento uno de los dos moriría.

Por suerte antes de que muriera nadie mi mente hizo otro looping y se fue directamente a pensar en otra cosa.

Al final, cuando acabó todo, me quedé con ganas de más. Bajamos a Plaça Espanya como se baja después de un concierto en el Olímpic: haciendo manifestación. Más gente ahí que en una de la PAH. Y luego encuentra un taxi. O un metro. Porque no nos decidíamos. Que si yo tengo hambre. Que si yo no. Que si vamos a tu casa. Que si vamos a comprar a un paqui. Que si aquí no hay paquis. Que si al lado de tu casa. Que si no. Que si vamos al metro. Que si estará lleno. Que si cogemos un taxi. Que si mejor el metro. Que si mejor el taxi. Que si tengo una empanada gallega en mi casa, cómetela. Que si ¡cómo me la voy a comer si es tuya!

Lo de esa noche y lo del día siguiente, espachurrados en el sofá de la Mari viendo la tele y recuperándonos del concierto (a base de comer y fumar -más-) fue, como expresó mi queridísima amiga en una frase magistral: "Es que... es que... qué desequilibrio!!!"

Lo del cepillo eléctrico del Mercadona que se caía a pedazos y no hubo manera de cambiar ya os lo cuento otro día.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Escribir

Últimamente escribo mucho.

Será que me lo estoy tomando en serio. La escritura y a mí mismo. Cuidado, que soy muy consciente de que yo escribo lo que escribo y cómo lo escribo, pero con eso ya tengo bastante. No me hace falta escribir un micro-relato que haga aflorar tus sentimientos y te estremezca, te haga llorar y te cambie la vida.

Yo con que sueltes una risa ya tengo bastante. En realidad con que no te duermas tengo bastante.

Será, tal vez, que cada día tengo más claro que mi futuro pasa por escribir. Cuando empecé a buscar gente para que se apuntara al carro de Estoy Bailando les dije cuál era la intención de la web. No vamos a ofrecer nada que no te hayan ofrecido otros ya. Y no vamos a tener contenidos exclusivos más allá de nuestras propias opiniones. Así que vamos a centrarnos en eso: en opinar. En dar lo único que (por ahora) podemos dar que no te va a dar nadie más.

Pues a mí me pasa algo parecido. Cada día tengo más claro qué es lo que se me da bien, lo que me gusta hacer y lo que puedo ofrecer a los demás. Así que ¿por qué perder el tiempo pensando en qué voy a hacer con mi vida si YA SÉ lo que es? Otra cosa es que sea fácil o que me sirva para poder vivir. Pero eso, estoy seguro, ya vendrá. Es, como diría cualquier libro de autoayuda barato, una cuestión de constancia y de esfuerzo. 

Tampoco es que tengas que ponerte a sudar como si estuvieras corriendo una maratón, pero a veces cuesta no distraerse con tonterías en vez de sentarte y escribir algo.

Y ya te digo que últimamente escribo mucho. Artículos, críticas, opiniones, capítulos de mi novela. Incluso he escrito un mail que no sé si mandaré. Porque no sé si la persona a la que va dirigido quiere leerlo, que además ya sabe lo que pone. Creo que sí quiere leerlo, porque parece que sí quiere leerlo. Pero como soy experto en montarme películas y ver bacterias intenciones donde no las hay prefiero actuar con cautela. A mí el simple hecho de escribirlo y tenerlo ahí en la carpeta de "Borradores" ya me hace sentir bien. 

Los mails, como la fama, cuestan. Y hay que ganárselos.

Una de las cosas buenas de ponerte a escribir es que se activan las ganas de leer. Ayer me leí, casi de un tirón y sin darme cuenta, la novela de Jorge Javier Vázquez.
Normalita. Muy entretenida, bien explicada. Me pareció un bonito prólogo para una historia que no empieza nunca. O a lo mejor sí que empieza y se desarrolla y acaba. Pero se me pasó tan rápido que ni me enteré. En realidad soy incapaz de decirte de qué va el libro, porque todo me pareció un preámbulo para algo que no llega.
Pero no me emocionó demasiado, sólo me arrancó una carcajada y un par de sonrisas cómplices. 

Lo que sí consiguió fue hacerme sentir identificado. Como supongo que le pasará al 90% de los gays que la lean, porque al fin y al cabo la historia que cuenta es la historia que (en mayor o menor medida) todos hemos vivido.

Al toparme de golpe con el epílogo ("Coño, si ahora venía lo interesante ¡y ya se ha acabado!") me di cuenta de lo poco valorados que están ese tipo de libros. Nos da la sensación de que una novela ha de marcar nuestras vidas, ha de removernos por dentro, ha de marcar un antes y un después en la historia de la humanidad. Seguramente por esa percepción tan pedante que hay sobre la literatura que no hay sobre otros medios artísticos como el cine o la música. Cuando, al fin y al cabo, son exactamente lo mismo: contar historias. Cambia la forma, pero no el contenido. 

Por eso hoy me he levantado (espectacularmente tarde) convencido de que mi novela es una mierda, pero es una mierda divertida. Y me muero de ganas de terminarla para que la leáis. Los cuatro gatos que la vais a leer, eso sí. Pero quiero que paséis un buen rato leyéndola. Y con eso ya me conformo.

Y con que no os durmáis.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Resiliencia

"Resiliencia" es, junto a "procrastinar", una de mis palabras favoritas de todos los tiempos.
Aunque los que mejor me conocen saben que "multiplexador" también me vuelve loca, disfrutoh.

He decidido recuperar un poco el blog, porque estoy un poco hartico de que todo el mundo me diga que tengo que venderme mejor. Así que aquí estoy yo, con mi nombre (bueno, mi nick) ahí en grande en el encabezado y con toda la ristra de cosas que hago por internet aquí al ladito.

Además he recuperado mi antiguo nick de twitter, @Hidroboy83, porque hay que centralizar las marcas que sino la gente se vuelve loqui.

A todo esto, como todos sabéis, yo me quiero ir a vivir a Madrid. Pero del mismo modo que cuando estuve allí parecía que no querían que volviera, ahora parece que la fuerza del destino no quiere que me vaya. 

El viaje a Madrid de hace un mes no fue todo lo bien que me habría gustado. Laboralmente no estuvo mal, hice una entrevista que prometía mucho pero se quedó en agua de Moncho borrajas y pude regalarle a todo el que lo quería una copia de mi currículum. Incluso hubo gente que se emocionó tanto al verlo venir que me dijo que mejor se lo mandara por e-mail. A lo mejor querían tocarse en privado.

Pero personalmente fue un absoluto desastre. Me volví a Barcelona habiendo perdido algo tremendamente importante y eso, quieras que no, jode. Y lo peor es que no tiene pinta de que vaya a poder recuperarlo nunca. Aunque siempre he sido muy cabezón y espero que algún día las aguas vuelvan a su cauce.

Eso sí, como bien dicen, no hay mal que por bien no venga y en los momentos chungos (casi apocalípticos) siempre hay personas que brillan con luz propia. Y, por suerte, estábais ahí.

Así que aquí estaba yo, de vuelta en Barcelona, cagándome en todo, con un gripazo de la hostia y una ansiedad palpitante, dándome cuenta de que lo que necesito no es un trabajo (que también) sino saber qué coño quiero hacer con mi vida. Aunque saberlo creo que lo sé, lo difícil es llegar ahí.

Si me dieran un euro cada vez que he puesto una frase como esa en este blog...

He decidido aplicarme el cuento de la resiliencia y ser exactamente eso, resiliente. Una vez hice una entrevista de trabajo para una conocidísima empresa de Pods, Pads y Phones (y hasta aquí puedo leer) y me pidieron un cuestionario rarísimo en el que puse que admiraba a mi madre por su capacidad de resiliencia. Probablemente por eso no me cogieron JA-MÁS.

Así que con una nueva sesión HDB a las espaldas inspirada en ese principio resiliente (entre otras cosas me gusta porque la palabra me recuerda a "mariliendre" y eso siempre es bien), he decidido que voy a empezar a ser más resiliente y a crecerme ante las adversidades. Y con el panorama actual, si lo hago bien, voy a crecer mucho. Porque ahora mismo las adversidades (las mías propias y las que afrontamos todo) son del tamaño de Texas.

Lo que me alegra es comprobar que mi vida es un patrón en el que parece que todo ocurre cuando tiene que ocurrir. Las cosas buenas (o al menos las que me cambian el rumbo de golpe) siempre, siempre, siempre me pasan en Mayo o en Noviembre. Y, por lo que parece, este noviembre no va a ser una excepción
Para empezar acompañé a Polispol al estreno para bloggers de la última película en la que ha hecho de dire de foto, "Serie B", sobre la que escribí dos artículos. Uno para Estoy Bailando y otro para El Cajón Desastre.

Y parece que hay proyectos (que no dependen de mí en absoluto) que si salen bien van a ponerme a prueba y van a darme una oportunidad que llevo años esperando

Además estoy cada vez más cerca de terminar mi novela, que tengo decidido que se llamará "Maricas y Vampiros: Sangre en barra" (o no, ya veremos) y con la que en breve espero poder daros alguna sorpresita buena. Ole. Oleeeeeeeeeeee, qué bonito. 

¡Sal de mi cuerpo, Rosario!

Por si todo esto fuera poco, va siendo hora de seguir con mi dietita y mi plan de ejercicios que los tengo bastante abandonados últimamente y no podemos consentirlo.

Ahora os dejo, que voy a machacarme un poco con mi absolutamente abandonado y lleno de polvo Kinect. Y a prepararme mentalmente para comentar la final de "¿Quién quiere casarse con mi hijo?" desde el twitter de El Cajón Desastre.

Todo amor.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Independent Women

En el último mes (bueno, en realidad son casi 2) han pasado muchas cosas. Aunque ninguna me ha pasado a mí.

Para empezar es definitivo: Bercode se va a trabajar a Madrid. Y yo lloré desconsolada durante días pensé que ya era hora de tomar una decisión que llevo mucho tiempo posponiendo.

Así que aquí me tienes, con la manta liada en la cabeza, pasando un calor espantoso, pero decidido a imitarle. Porque, lo mire por dónde lo mire, mudarme a Madrid es una buena decisión. 

Menos si lo miro por el lado en el que todo sale mal (que, conociéndome, es lo que acabará pasando). Pero por ahí no lo miro, así que lo mire por dónde lo mire mudarme a Madrid es una buena decisión.

Evidentemente no será fácil. Pero lo haré. Y como me voy como se supone que vino todo el mundo a Cataluña cuando todo el mundo vino a Cataluña (es que ahora con lo del independentismo parece que todo el que vive aquí sea inmigrante que lleva años instalado aquí), con una mano delante y otra detrás, pues es aún más divertido.

En cualquier caso, estoy buscando trabajo por allí y también un lugar en el que vivir. Si tienes noticias, ponte en contacto conmigo. Que ya no soy un gremlin.

El viernes por la noche, como Bercode está de viaje en China, le dije a Atzur de emborracharnos pero resultó que él no bebe y que, en cualquier caso, no le veía sentido a hacer el mal desde su casa. Tampoco me dijo, la muy puta, de ir por ahí.

De todas formas al final la noche tampoco fue tan desperdicio: viví mi propio Sálvame Deluxe. Porque resulta que tengo dos amigas que están en una situación bastante delicada. No voy a entrar en detalles pero digamos que a la Amiga A le ha ocurrido con su grupo de amigos (en el que introdujo a la Amiga B) algo que me ocurrió a mí no hace mucho tiempo. Vamos, que de repente y sin venir a cuento empezaron a pasar de la cara de la Amiga A. 
Y hasta aquí todo podría ser relativamente normal sino fuera porque hoy en día, como no sabéis usar Facebook (en realidad sí) pues todo el mundo se entera de todo.

Al final la Amiga A descubrió el motivo y no le hizo ninguna gracia. Y la Amiga B quería saber cómo estaban las cosas y me llamó. Le dije que me podría haber llamado antes de que pasara todo eso porque si se supone que si pasa algo con la  Amiga A yo también debería saberlo y estuvimos como dos horas al teléfono diciendo verdades como puños, pero con todo el cariño del mundo.
Luego, evidentemente, estuve hablando con la Amiga A. Pero no os preocupéis porque ya avisé a la Amiga B de que esa conversación la iba a reproducir después. Es más, le dije algo de lo que me siento especialmente orgulloso:
"Las dos sois amigas mías y pase lo que pase entre vosotras vais a seguir siéndolo. Y yo hablo con ella y hablo contigo y evidentemente estas conversaciones se van a reproducir tanto por un lado como por el otro. Y lo sabéis. Así que no quiero que nada de lo que habléis conmigo luego se utilice como arma entre vosotros ni como munición para el resto de gente que no está participando en esta conversación."

Casi me salía más a cuenta hacer una llamada a tres como aquellas de los Party Lines de los 90.

Y hablando de llamadas. El otro día estaba yo comentando "¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?" y me llevé un susto al descubrir que el Principito (el pijo que la madre dice que es tan guapo) tiene un aire fisionómico a mi ex. Sí. Mi ex el de Huesca: La Chico Gizmo Que Brilla Que Brilla Atropellada Destroza Hogares.

Los nuevos estaréis flipando con ese nombre pero los veteranos sabréis por qué le llamaba así. 

Pues pasaron los días y ahí estaba yo, hablando con un amigo por Facebook sobre el programa y le digo: "Lo peor es que el pijo me recuerda físicamente a mi ex". Y en ese justo momento... ¡DRAMA! 
Suena mi teléfono y era mi ex. Llamándome.

La carcajada que soné fue legendaria y cuando controlé los estertores contesté y hablamos un rato. Lo más destacado de la conversación fue cuando le dije lo de "Aprovecha para llamarme ahora porque en unos meses a lo mejor esta llamada es internacional". 

Y es que si Catalunya se independiza esto va a ser la risa. 

En realidad a mí Artur Mas me está haciendo una putada tremenda, porque ha bastado que me decidiera a irme a vivir a Madrid para que salga y diga que queremos la independencia. Menos mal que en mi DNI pone "Jorge" y que siempre puedo decir que mi abuela era valenciana, mi abuelo era de Ceuta y mis abuelos paternos eran medio gitanos.

Al final sí que va a ser verdad lo de que no hay catalanes que sean de aquí de tota la vida.

Pero entre que voy y vengo, hablando con Bercode hace unos días tras haber tenido un intercambio de mails con Tony Tornado me dijo algo que me hizo agradecer tener amigos como ellos dos.
"Tu vida es tu vida y tienes que hacer lo que te guste"

Y es que últimamente estoy en etapa de crisis personal sin saber realmente qué cojones quiero hacer con mi futuro. Y de repente, gracias a ellos dos, me di cuenta de que yo lo que quiero es ser puta.

No, yo lo que quiero es lo que quiero. Y en eso me voy a tener que centrar.

Así que le di un poco más de bombo a Estoy Bailando (la web, que está quedando fenomenal) y busqué redactores que quisieran colaborar en ella y me puse a escribir como un loco sobre cualquier cosa que se me ocurriera. Lo último ha sido un análisis del primer capítulo de la última temporada de Fringe, por ejemplo. 

Y estoy pensando rescatar algunas entradas de este blog para la sección "Lifestyle" como la de "Ahorrar en tiempos de crisis".

En fin. No me voy a enrollar mucho más. Recuerda lo que te he dicho de Madrid: cualquier ayuda es bienvenida.

Y ahora me voy que los vecinos han decidido celebrar el fin del verano con una paella en plena calle. 



Por favor, sacadme de aquí.

lunes, 6 de agosto de 2012

Yo tenía un blog

Yo tenía un blog y escribía mucho en él y contaba muchas cosas que me pasaban. La gente me conocía por mi blog y algunos hasta me paraban por la calle o en las discotecas y me decían que eran fans de mi blog y de mí y de todo lo que leían y que les encantaba y que a ver si escribía más.

Y míralo, muerto. Muerto Sánchez.

En algún momento de mi vida me olvidé del blog. Y eso que me gustaba escribir en él y contar las borracheras y las tonterías y todo eso. 

Pero chica, que he estado muy estresado últimamente viendo la vida pasar y ni por un momento he pensado en ponerme a escribir aquí. He estado escribiendo, sí, en otros sitios y en otras cosas. He publicado en otras webs y me he guardado textos para publicarlos otro día y hacer una gira por Soria y forrarme. 

Podría haberos explicado las veces que he salido de fiesta estos últimos meses. Lo del amigo francés de @Bercode y sus caras al vernos haciendo playbacks de Mónica o de Rocío, sus aplausos, sus abdominales. 
O podría haberos explicado el Retorno a Arena después de meses (aunque yo diría año largo) sin pisar la VIP un viernes noche y los reencuentros con gente a la que hacía años que no veáis y con los que te pones al día entre cubata y cubata, abrazo y abrazo y gritos y risas. O los que te dicen "es que ahora que eres famoso y escribes en El Cajón Desastre ya no me caes bien, maricón".
Y, por supuesto, los encuentros casuales que te hacen arrepentirte de no haber salido a fumar y te hacen mandar mensajes tipo: "Por el amor de Dios, fumad rápido que tengo a XXXX detrás y no sé dónde meterme para no establecer contacto visual".

Salvados por el Whatsapp.

También podría haberos hablado de mis nuevas amigas/vecinas, con las que voy a la playa y hablamos de los tíos que hay por allí y les enseño el Grindr y flipan y se descojonan a partes iguales. De las cervezas en el chiringuito y del profesor de surf que más bueno no puede estar. Invasión de abdominales.

O de mi hija.

Porque ahora resulta que tengo una hija. Se llama María y tiene 3 años. Su padre es un vecino pero como siempre me ven a mí con la madre en la playa todos han dado por hecho que es mía y me dicen "Qué niña más guapa tienes" o "Tu hija es una pasada" y yo cada vez que oigo eso pego un grito del susto porque mis peores temores se hacen realidad. 

Y es que lo que más miedo me da es despertarme un día al lado de una mujer a la que he fecundado en una noche de pasión y borrachera sin igual.

Y podría pasar. El otro día, sin ir más lejos, tuve un blackout impresionante y lo único que recuerdo es haber estado enseñándole mi erección a alguien. Pero a quién y dónde no lo sé. Yo sólo sé que me la sacaba y decía "MIRA!! MIRA CÓMO ESTOY!!".

Son las hormonas, que se me revolucionan. El otro día alguien me decía que era un poco exagerado llevar siete aplicaciones de ligoteo en el teléfono. Pero chico, es que eso es mi vida ahora. Ligar y escuchar música. Y escucho muchas más canciones que polvos echo pero ¿y qué? Me hincho.

También podría haberos hablado de los proyectos que tengo y que sé que nunca llegarán a nada, o las posibilidades que se desvanecen antes de que te pares a planteártelo seriamente. Del bajón existencial y de esas cosas que pone uno en su blog cuando está harta de la familia Rivera. Pero tampoco lo hago. Me siento a ver El Sexo Sentido y me hincho a llorar. Porque de repente te das cuenta de que no es una película de miedo, sino un dramón tremendo que bien podría ser la biografía de Anne Germaine.

Pero nada, que no me sale. Que he abandonado el blog y mírame, enfrasacado en una espiral de la nada más absoluta.

Voy a tener que recuperarlo, aunque sólo sea para que dentro de unos años, cuando mire para atrás, piense que mi vida era una mierda pero me lo pasaba de puta madre.