Todos conocemos ya la campaña "It Gets Better" lanzada en E.E.U.U. y de alcance mundial para ayudar a los jóvenes homosexuales a superar una de las etapas más complicadas de la vida de un adolescente: el instituto.
Yo tuve suerte y aunque el mío era medio del Opus, no me dieron demasiado la tabarra (seguramente porque en ese momento de mi vida tampoco tenía yo muy claro lo que quería hacer con mi vida); pero es habitual encontrarse día sí día también con noticias de chavales que denuncian acoso por parte de sus compañeros, pasividad por parte de los profesores ante eso o que, directamente, un día deciden que no pueden más con su vida y se la acaban quitando.
Pero la cosa mejora. De verdad. Puede no parecerlo, pero lo hace. En cuanto ganas un poco de independencia y, sobretodo, confianza en ti mismo te das cuenta de que no todo es tan complicado como parecía que iba a ser. A veces no es fácil, a veces hay que hacer sacrificios, pero como dijo Hedwig: "To be free one must give up a little part of oneself".
Y a veces esa pequeña parte tampoco es tan importante.
En cualquier caso, unos chicos de un instituto americano han decidido aportar su granito de arena a la campaña IT GETS BETTER y se han sacado de la manga un videoclip la mar de majo.
Como canción han elegido "Hair" de Lady Gaga, que sin caer en la evidencia de "Born this way" probablemente se ajuste más a la idea de vivir la vida como cada uno quiere vivirla y no por ello sentirse culpable. Tranquila Gaga, a todos nos pasa: te propones sacar un single que se convierta en himno generacional y al final los fans deciden que prefieren otra canción que no suene a Express Yourself sea tan evidente.
El vídeo está hecho con unos cuantos fans de Glee pocos medios pero está muy bien resuelto y es inevitable soltar una sonrisa mientras lo ves. Porque coño niños ¿no habéis aprendido nada de Queer as Folk o de este mismo blog? Que sí, que todo puede parecer muy complicado pero al final LA COSA MEJORA.
Kylie ha decidido celebrar sus 25 años (en la música, evidentemente) volviéndose sinfónica. Que es algo que está muy de moda últimamente (el último referente que recuerdo, la reciente gira de George Michael que, para variar, me perdí).
Así a priori daba mucha pereza. Salvo algún baladón tipo Chocolate o Lovin' Days (que ya son medio orquestales) no se me ocurría cómo podía quedar un Can't Get You Out of my Head o un Come Into My World con una orquesta de fondo.
Y, sobretodo, ahí me véis a mí rezando para que no se sacara de la manga un orchestra album con cuatro violines y un saxo haciendo versiones cabareteras como ya hizo en la gira de Les Folies (gira que, por cierto, vi en DVD y me pareció bastante espantosa.
Pero ¿no va la enana y me sorprende?
Para comenzar a calentar motores ha presentado el primer tema reinventado. No lo ha elegido al azar. Es uno de los singles que peor le han funcionado en Australia (y si algo no le funciona allí YA VAMOS MAL). Además es una de mis canciones favoritas de Kylie.
Finer feelings, que ya era un mid-tempo sin mucha brillantez (pero que, como ya os digo, a mí me encantaba) se transforma en una balada épica a lo Hollywood, con una orquestación totalmente sorprendente y algún toque sublime (como la entrada de la batería o la percusión del middle eight) que recuerda (por el tono que adopta el tema, que pasa de ser una canción agridulce a un drama musicalizado) a HURTS (como bien ha apuntado @_TonyTornado vía Twitter).
Y encima en el vídeo ella no puede salir más guapa ni cantarla mejor.
A ver qué más nos tiene preparado la madre hermanísima de Dannii. Que si se monta una buena gira y un buen blu-ray puede que vuelva a dar la campanada.
Aunque tampoco es que se hubiera ido. Por si no lo habéis escuchado, aquí tenéis el nuevo tema de Antoine Clamaran con Soraya y otro francés que no sé qué hace pero sea lo que sea lo ha hecho muy bien.
Porque si "Live Your Dreams" ya era genial y "Stick Shift" molaba casi tanto (o más) con este "Feeling You" se han superado.
Creo que ya va siendo hora de que esta mujer reciba el reconocimiento internacional que merece. Y más ahora que se ha operado la nariz. Aunque no sé qué tiene que ver eso con la canción pero tenía que decirlo.
Se supone que será el nuevo single del disco en el que está trabajando y que se dice que saldrá este año. Lo cual ya nos va bien, porque es imposible cansarse de ella. Nunca hay suficiente Soraya y nunca me cansaré de repetirlo.
El otro día vi en Facebook una foto que puso no recuerdo quién en la que salía una pintada que decía algo así:
"Las cosas existen para ser usadas. Las personas existen para ser amadas. El mundo va mal porque se ama a las cosas y se usa a las personas."
Pues mira cariño, a mí me dan más satisfacciones las cosas que las personas, qué quieres que te diga.
Cuando me preguntan por el karma (que no el Chacón) yo digo que existe. Vamos si existe. What goes around comes around, el tiempo todo lo pone en su sitio, lo que sube baja, después de una mala etapa viene una buena y todas esas mierdas new age con las que podría escribir El Secreto 2 y quitarme de pobre pero prefiero no hacerlo.
Es de sobra conocido por todos que 2011 no fue mi año. Probablemente fue uno de los peores que recuerdo. Entre lo malico que estuve y el tiempo que estuve en paro no podía comprarme nada, ni gastar en casi nada y eso, para mí, era un drama. Porque yo soy la definición de consumismo. Buscas la palabra en el diccionario y te redirige a este blog y a todas las entradas sobre "me he comprado...", "he ido al cine...", "he ido a un concierto..." y cualquier cosa que se pague.
Pues como el 2011 fue una mierda, el 2012 no podía empezar mejor.
Todo son cosas. Sin pasarme, que tengo facturas y deudas por pagar. Pero poquito a poco me voy haciendo con cosas que hacía tiempo que quería y no podía. Y no hay cosa que joda más que querer y no poder.
A estas alturas de la vida a mí lo de no darle importancia a lo material y que lo importante son las personas y la belleza está en el interior pues como que me toca el coño.
Pero lo más divertido es ver cómo hay pequeñas casualidades y hechos sin importancia que terminan siendo golpes de suerte y te alegran el día. Desde enterarte de una oferta en el momento exacto y comprarte el juego que querías mucho más barato de lo que ponía, desde decir "quiero comprarme esto" y que alguien te diga "ya te lo compro yo", que te den un vale en el Carrefour por hacer una compra y acabes comprando más blu-rays en una tarde que en todo el año pasado.
2012, por ahora, mola.
Y como en este mundo no todo son cosas, también hay personas a las que hay que amar pues he decidido hacerlo y por eso me amo más que nunca.
He hecho limpieza en Facebook. Ya llevaba tiempo queriendo hacerlo. A más de uno le sentará mal, pero... efectivamente, me toca el coño. Que una cosa es tener a los amigos de la EGB porque no tienes ningún contacto habitualmente con ellos y así hay forma de hablar para organizar una cena y otra es mantener a gente que ha decidido salir de tu vida por el simple hecho de que queda feo borrarles.
Hay uno que me daba especial rabia. Me borró vete tú a saber por qué. No lo entendí en su momento porque, que yo sepa, no habíamos discutido ni había habido ningún mal rollo entre nosotros. Simplemente nos distanciamos un pelín, tampoco te vayas tú a pensar, y de repente un día veo que me ha borrado. Me dio tan igual que ni me enfadé.
Pero luego recordé que tenía un paquete suyo. Que un amigo se lo envió y al irse del piso en el que cohabitábamos se lo dejó en un armario y al irme yo de ese piso lo recogí y le avisé de que no se preocupara, que el paquete lo guardaba yo y se lo daría cuando nos viéramos.
Luego me borró.
Y yo volví a mudarme, y otra vez con el paquetito a cuestas. No pesa, no tiene nada de especial. Pero ahí está, esperando al momento en que nos encontremos para entregárselo.
Pero me borró. Así que pensé tirar el paquete a la basura porque me parecía evidente que no nos íbamos a volver a ver. Pero me supo mal. Muy mal. Y no por él. Sino por la persona que lo había enviado. Si yo fuera el remitente de ese paquete me jodería que acabara en la basura por una mala gestión social de la persona a la que va dirigida.
Así que Álex, tu paquete sigue aquí. Imagino que ya encontraré la manera de hacértelo llegar. Tampoco voy a esforzarme ¿eh? Pero ya te llegará. O puedes recogerlo tú, que sería lo más lógico porque al fin y al cabo te lo olvidaste tú.
Eso sí, no intentes escribirme por Facebook porque te he bloqueado. No ha sido por nada especial, pero me hacía gracia.
Pero él no es el único que ha caído. De repente me he encontrado a mogollón de gente pululando en mi lista de amigos que no sé quién son. La mayoría, imagino yo, son tíos con los que habré echado un polvo (o con los que había intención de) pero luego nos olvidamos mutuamente. O al menos yo a ellos.
Y alguno más ha caído. Sobretodo gente que un buen día decidió no estar más. Pues si no vas a estar, no estás. Y ya.
Y como decía, he decidido amar a las personas y la más importante soy yo así que me voy a hacer un Extreme Makeover Vital que ríete tú de Lindsay Lohan.
Uno de los motivos por los que nunca me he tomado en serio lo de hacer una dieta y ponerme en plan vigoréxica es porque soy extremadamente vago. Y ya puedes ponerme delante una máquina que me mueva solo y me acabe sacando músculos de dónde no los hay, que si al otro lado hay un sofá y el mando de una consola ya sabes dónde me voy a sentar. Y me repetía a mí mismo: "El día que lo haga, lo haré bien: iré a un dietista y tendré un entrenador personal y lo haré poco a poco pero que funcione".
Y mira tú por dónde, el encargado de mi tienda es entrenador personal y medio nutricionista. Y claro, ha tardado cerocoma en decirme "Te preparo la dieta y los ejercicios. Para el verano ya estarás perfecto."
Y yo más feliz que unas castañuelas. Soy consciente de que lo voy a pasar fatal. Pero como dijo Hansel antes de ser Hedwig, al recibir una bolsa de gummy bears de manos de Luther:
Desde que he vuelto a trabajar de cara al público (como si alguna vez lo hubiera dejado, seré imbécil) he retomado la sana costumbre (al menos para mí) de juzgar a todo el mundo.
Bueno, a todo el que me importa una mierda (o menos).
Hablaba una vez con La Mari de que mira, dejémonos de tonterías, aunque no vayamos de sobrados por la vida está claro que algunos somos mejores que otros. ¿Es feo decirlo? Pues sí. Mucho. Pero es lo que hay.
No es que yo haya descubierto la cura para una enfermedad. No es que haya inventado la electricidad ni dividido el átomo. Pero está claro que los que han hecho esas cosas son mejores seres humanos que los demás. Porque pueden ser unos hijos de la gran puta en lo personal, pero ¿a quién coño le importa eso si han aportado algo a la vida de todos los demás, aunque les importemos absolutamente nada?
Así que yo, que como mínimo sé escribir sin faltas de ortografía -al menos ninguna sangrante tipo usar los infinitivos en vez de los PUTOS IMPERATIVOS-, pues seré mejor que alguien ¿qué no?
Pero si de algo me he dado cuenta este año es de que hay personas mejores que otras. Y no me refiero a que haya buenas o malas personas, sino a que algunas valen más que otras. Cuando me tocó estar en la mesa electoral fue el propio interventor de CiU el que me dijo "la gente en este país no sabe votar: en vez de votar lo que realmente se ajusta a sus valores castigan al que está en el poder. Ahora gana el PP pero ya verás como luego nadie reconocerá que les ha votado".
Y tenía toda la razón del mundo porque la gente es idiota.
Por eso le decía a La Mari lo de que mira, que le den por culo a los demás y a la corrección política: ella y yo (y muchos otros que conocemos y algunos que desconocemos) somos mejores que muchos otros que conocemos y algunos que desconocemos.
Hoy veía las noticias y salía no sé qué gilipollez de gente celebrando el año nuevo en la Puerta del Sol el día 30 a las 00:00 de la noche. No es el hecho de que hagan semejante tontería, porque bueno mira, al menos se lo pasaron mejor que yo que a esa hora ya estaba rendido en la cama después de haber trabajado todo el puto día. Un puto día entero aguantando desde la persona más amable que te trata con el respeto que mereces como a los hijos de la gran puta que creen que por estar trabajando en una tienda de ocio eres un mindundi que no sabe nada de la vida: un matao que no merece que yo, que probablemente hice un módulo de contabilidad y estoy fijo en una empresa de vete a saber qué cobrando dos veces más que tú y comprando regalitos para mis dos niños (que tuve con una mujer florero), le trate con respeto. Porque yo soy un hombre hecho y derecho y sé lo que es la vida. Me siento realizado. Pago mi hipoteca y mi nivel de cultura general se reduce a saber en qué posición juega Messi y a acertar las tres primeras preguntas de "Atrapa un millón".
Ya ves tú, qué logro.
Un puto día entero en el que es raro no encontrarte con alguien que te mira por encima del hombro y al que no le invitas a comerte la polla porque mira, tienes facturas que pagar.
Total, lo de la Puerta del Sol. Que el problema no era que la gente estuviera ahí celebrando la nada más absoluta, sino que cada vez que la cámara hacía un barrido sobre la multitud, ésta se lanzaba a agitar las manos y a poner caras y a emocionarse porque ¡mira mamá, salgo en la tele! Bueno, problema no.
Pero entonces me he puesto a pensar en que ya me gustaría a mí ser así de simple y así de feliz. Feliz por ser simple, no porque me considere infeliz.
Que cualquier tontería me hiciera sentir realizado, y no estar constantemente preguntándome por dónde coño exprimir aún más la vida para no sentir que pierdo el tiempo con gilipolleces.
¿Sabes lo tranquilo que se debe vivir en ese plan?
Pero mira, no. No soy así. Será porque, como le dije aquel día a La Mari, nosotros pasamos de la mayoría de las cosas que la sociedad o quién coño sea considera "importantes" o "normales". Porque a mí la idea de tener una familia a los 20 y tantos me provoca urticaria, porque prefiero seguir aprendiendo cosas cada día que contentarme con lo que ya sé. Porque tener una pareja, un hijo, un trabajo fijo y una casa en la ciudad y otra en el campo donde dejar pudrir mi cerebro no me hace sentir feliz.
Ya me gustaría que fuera así, pero no.
Será porque, como le decía a La Mari -o me decía ella a mí, no sé-, algunos vemos el mundo con una constante capa de ironía que hace que muchas veces la gente se cabree con nosotros porque no entiende nuestras bromas y piensa que vamos de guays. Será porque me irrita que la gente carezca de sentido crítico para ver las cosas desde el punto de vista de los demás.
O será porque, como suelen decirme más veces de las que creo que merezco, soy muy inteligente.
Y habrá quien diga lo de "pero eso no te hace mejor, te hace diferente".
Los cojones.
A mí lo del kumbayá señor, kumbayá se me pasó hace tiempo. Hay formas de vivir la vida que, por muy respetables que sean, son un desperdicio. (Y aprovecho esto para decir que pasarte la vida perdiéndote las pocas cosas buenas que tiene por miedo a un ser Todopoderoso que seguramente no exista a pesar de que lleves toda tu vida autoconvenciéndote de que sí me parece la mayor soplapollez del universo conocido y por conocer).
Bueno, tampoco quiero liarme porque acabaré diciendo aún más burradas. Pero me apetecía compartir ese pensamiento.
Ese "ya me gustaría" a mí ser tan simple.
Pero mira, no lo soy. Y entonces me doy cuenta de que prefiero pasarme toda la Navidad escuchando a Marilyn Manson que fingiendo estar contento. Y precisamente eso, el darme cuenta de que yo no soy así (ni lo quiero ni lo voy a ser) me hace sentir espectacularmente feliz y relizado.
Y más después de un año como éste. Chico, yo no sé qué he hecho mal pero mírame: que mi plan de Nochevieja es jugar al Deus Ex de la Xbox hasta que me pueda el sueño; cosa que seguramente ocurra a las 23:30.
Algo deberé estar haciendo muy mal cuando ahora cuento los compromisos sociales con los dedos de la mano de un tiranosaurio. O no, vete a saber.
Tal vez sea mejor así.
Porque al final ¿qué sentido tiene invertir tiempo y esfuerzo en gente que a la menor chorrada acaban haciéndote el vacío social como en una mala canción de Chico y Chica?
2011, el año de la muerte definitiva de mi vida social. ¿Será culpa mía? ¿No lo será? ¿El infierno son los demás? Pues mira sí.
Así que a todos los que estáis leyendo esto y os queréis dar por aludidos os diré una cosa: en 2012 cumplo 29 años y no tengo el coño pa' fiestas de instituto. Hace mucho que los sandwiches de foie-gras y la fantanaranja con ganchitos se me atraganta. Ahora ponme un vodka y dame un cigarro y déjate de chorradas. Que ya me gustaría a mí poder mirar a la vida a la cara y decir "siempre de frente, alegría, alegría (y reina! y reina! y bonita! y bonita!). Pero me TOCA EL COÑO hacerlo. Y no te puedes imaginar cuánto. Así que: que os den.
Amargado, nivel experto. Y aún así más contento que todas las cosas.
A todos los demás, disfrutad de la noche, pasadlo bien y espero que tengáis un buen año. Espero poder veros a algunos más de lo que he podido veros este año porque para mí ha sido un año DE MIERDA MÁXIMA.
Sea como sea, y como no podía ser de otra manera, tengo muy claro que este año que viene va a ser la apoteósis de la bipolaridad en Estoy Bailando. Y quien dice Estoy Bailando dice mi vida en general porque la cosa va a estar entre las dos canciones que os pongo ahora.
(A todo esto, imagino que no hace falta que, a los que os quiero de verdad, os quiero de verdad. A pesar de vuestros defectos y mis virtudes.)
A mucha gente no les gustan las despedidas largas. Prefieren que sea rápido e indoloro.
HDB no es así. HDB se despide por todo lo alto.
Por eso aquí tenéis la primera parte del HDB30: ESSENCE, la última sesión. Y viene con un único propósito: recoger la esencia de HDB y dejaros a todos un dulce sabor de boca. Evitemos los llantos, los dramas y las manifestaciones de protesta.
Una primera parte compuesta por 16 temas que recogen la electrónica más elegante y que van transformando la sesión en una fiesta que seguirá en pocos días.
Es curiosa la forma que tiene el destino (o la vida o cómo queráis llamarlo) de darte vueltas.
El sitio donde yo nací, un barrio periférico de Barcelona, marcó los primeros años de mi infancia. Yo no era consciente de la (mala) fama del barrio hasta que fui creciendo y me iba enterando de que gente del barrio vecino (que tampoco era mucho mejor) no se atrevía a entrar en él. O incluso que había taxistas que a según qué horas de la noche se negaban a dejarte en la puerta de casa.
Siempre me pareció una exageración. Porque yo, que siempre fui un niño demasiado inocente, no veía que esa mala fama tuviera una base fundada.
Años después la familia decidió mudarse a un pueblo fuera de Barcelona. Lo malo de los pueblos que rodean Barcelona es que están todos tan pegaditos que en realidad parecen una ciudad grande. Pero no lo son. Las estaciones de Cercanías Renfe se encargan de dejarte claro que estás entrando en otro mundo.
Lo cierto es que en el instituto no me espabilé demasiado. No fue hasta casi terminar el Bachillerato cuando empecé a ser consciente de quién era y qué quería en mi vida, y fue entonces cuando, por decirlo de alguna manera, maduré.
Pero no demasiado.
En realidad yo seguía siendo un empanado de la vida. Y por eso años después no me escandalicé al mirar hacia atrás y descubrir que, en gran medida, el tonto de la clase había sido yo.
Y de repente, con veintipocos años, casi sin darme cuenta, empecé a vivir la adolescencia que, en teoría, debía haber vivido unos años antes. El primer amor, el primer trabajo "serio", los amigos en los que confiar al 100% (lo que luego te podía llevar a ganarte hostias 100% merecidas), las charlas sobre sexo, las borracheras sistemáticas...
Lo más divertido es que a nadie de mi entorno pareció extrañarle: tonto de mí que había estado viviendo en una especie de burbuja durante mucho tiempo y en un par de años me estaba espabilando para ponerme al día.
Luego me independicé. Fue arriesgado, pero era un error que quería cometer. Y me salió bien. Compartir piso es complicado, y dependiendo de con quién te juntes puede traerte bastante quebraderos de cabeza. Pero al final se consigue un equilibrio que hace que la experiencia valga mucho la pena.
Y entonces llegó el 2011, WORSE YEAR EVER. O al menos un firme candidato a llevarse ese título.
Que si ahora me pongo enfermo, que si ahora cojo la baja, que si ahora resulta que estoy peor de lo que parecía, que si ahora no puedo andar, que si ahora me empiezo a recuperar, que si ahora pierdo el trabajo, que si ahora me voy a vivir solo, que si se me acaba el paro, que si no encuentro trabajo...
Es verdad que he estado bastante tiempo desaparecido. Y lo voy a seguir estando para muchos. En muchos casos no es una situación que haya provocado yo y decidí que no iba a ser yo el que le pusiera remedio. Que cada uno apechugue con lo suyo.
Hace unas semanas encontré trabajo. No es la panacea. No es el trabajo de mis sueños. Si no estuviera en la situación en la que estoy probablemente no lo hubiera cogido. Pero me da mi buen dinero a final de mes. Y aunque no pueda seguir viviendo solo y tenga que volver a casa de mis padres (la Generación Boomerang, que nos llaman los expertos) estoy contento porque me voy a poder dar todos los caprichos que no me he dado en esta época en la que el cinturón estaba tan apretado que casi no podía ni respirar. Se acabó el sobrevivir.
El trabajo, curiosamente, está en un centro comercial en el barrio en el que nací. Y ya han sido varios los encuentros con antiguos compañeros de colegio, amigos casi olvidados o conocidos que te miran curiosos mientras intentan que su cabeza coloque tu cara en el lugar adecuado de su memoria.
La semana pasada me tocó estar sentado en una mesa electoral. Como las listas se cerraron antes de que me empadronara en mi actual domicilio, me tocó estar en el último sitio donde estaba empadronado: aquel pueblo de las afueras de Barcelona en el que mis padres aún siguen viviendo.
Así que durante todo el día estuve en esa mesa, tratando de sobrellevar el día de la mejor forma posible y riéndome de cualquier cosa para no morir de aburrimiento. Y fueron varios los ex-compañeros de instituto que pasaron por allí para votar. Algunos me miraban extrañados. A otros les esquivaba la mirada o me hacía el tonto. Al tío bueno le saludé, evidentemente. Le di la mano y todo. No había tiempo para más. Fue el único chulo decente en todo el día y no tenía mérito porque ya era guapo en el instituto. Pero claro, ahora está mucho más interesante y no sólo porque la barba le quedara tan jodidamente bien.
Hace más o menos un mes que decidí que era momento de dar un paso atrás para volver a tomar impulso. Y desde entonces, de forma bastante casual, he vuelto a reencontrarme con personas y lugares que creí que formaban parte de mi pasado y que ahora, por cojones, vuelven a estar en mi presente.
Unos minutos antes de ponerme a escribir esto he publicado en mi muro de Facebook una de las canciones del disco de Christophe Willem del que os hablé el otro día y no me he cortado al decir que es el disco del año. Alguien ha comentado que de qué año, que eso suena a 1998.
Y mira, no deja de tener gracia. Serán cosas del destino. O no. Pero es curioso que ahora mismo esté enganchado a un disco que suena igual que la música que escuchaba en esa época a la que ahora parece que voy a volver.
Lo mejor de todo, porque al final no vale la pena quedarse con cosas malas, es que a mis 28 años me voy a encontrar de nuevo como si tuviera 18. Y tengo muy claro qué decisiones quiero tomar para entrar otra vez en la veintena.
Aunque sea una veintena metafórica, que los años empiezan a pesar.